Las informaciones sobre catástrofes son el primer generador de respuestas para tomar decisiones sociales o personales. La calidad de la información que se proporciona al público puede contribuir a mitigar las desgracias. Por el contrario, la desinformación puede provocar daños colaterales. Así sucedió en el terremoto de Chile cuando quienes escucharon por la radio informaciones consideradas "oficiales", pero que no advertían de la amenaza de un maremoto, abandonaron sus refugios exponiéndose a nuevos peligros. En las siguientes informaciones se presentan varios ejemplos reales de estos días.
La Gaceta anuncia una explosión nuclear:
La Gaceta anuncia una explosión nuclear:
RT aventuraba que el terremoto y una posible fuga nuclear provocarán el Apocalipsis. ¿No es un tanto desmesurado este término?
Aquí se puede encontrar un buen relato de por qué Tokio no vive en el caos.
Estos ejemplos suscitan algunas cuestiones relacionadas con el trabajo periodístico sobre las que podríamos reflexionar:
Estos ejemplos suscitan algunas cuestiones relacionadas con el trabajo periodístico sobre las que podríamos reflexionar:
- ¿Crees que, por regla general, prevalece en este tipo de informaciones sobre catástrofes un cierto grado de sensacionalismo?
- ¿Se le debe exigir al comunicador más preparación científica e intelectual para abordar determinadas cuestiones?
- ¿Está el derecho a informar por encima del derecho a la intimidad de quienes padecen estas catástrofes?
- ¿Consideras que el acceso de millones de personas a las redes de comunicación social contribuyen a aumentar la desinformación o, en cambio, ayudan al público a formarse una idea más precisa de lo que está sucediendo?
- ¿Qué se puede hacer desde aquí además de asombrarnos ante la espectacularidad de las imágenes?
- ¿Qué pueden hacer los medios apartes de ofrecernos el espectáculo de la destrucción?

